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marzo 5, 2026

Panadería Robles: De la cesta de la abuela Anita a una flota para 13 rutas, 4 tiendas y 33 empleados

marzo 24, 2026

El oficio nació con el bisabuelo Joaquín y ha crecido hasta los tres hermanos que llevan en la actualidad la panadería Robles de Santa Lucía, el trabajo de una familia que lleva 4 generaciones creciendo poco a poco… o mucho

22/03/2026 Actualizado a 22/03/2026
A las siete y media de la mañana el amplio espacio de la Panadería Robles de Santa Lucía es un hervidero de gente que va y viene: sacos que se llenan de barras y hogazas, un cartel con el nombre de cada ruta, furgonetas que van aparcando en la explanada y abren sus puertas, carros de madera llenos de pan, dulces, masas de pizza… todo el mundo sabe hacia dónde camina. Es la hora punta, más de treinta empleados, “creo que quince furgonetas, no lo sé seguro” y todo echa a andar. Hace más de una hora, a las seis en punto, que marchó a repartir Julio Robles después de comprobar que había finalizado sin contratiempos la larga noche amasando.

Y en medio de aquello que tienes la impresión que todo puede derivar en un caos ves que no se produce; llega Ana Robles, la más joven, la última generación, y tiene respuesta para todo: “Carga tú primero. Marchad ya los que repartís bares…”. Sorprende que lo lleva todo de cabeza, como los viejos comerciantes. “Ya lo deja todo mi padre organizado”, dice, pero sigue atenta a todo lo que va ocurriendo.

  • ¿La tradición?
  • Tradición no nos falta, es verdad, desde el bisabuelo Joaquín, que fue el que empezó hasta mis hermanos y yo (Ángel, Julín y Ana) ya son cuatro generaciones de panaderos, un siglo de panadería… a poco que se te vaya pegando.

Recuerda Ana que del citado Joaquín pasó la tradición panadera a los abuelos, Ángel y Anita, la abuela, por la que siente una especial predilección. “Iba con ella, me enseñó tantas cosas y es muy cariñosa. Una pena que se ha roto una cadera y ha perdido calidad de vida”.

Fue la abuela Anita protagonista de una entrevista semanal en La Nueva Crónica y la buena mujer, la entrañable abuela, recordaba entonces, ya con 92 años (ahora tiene 93), recordaba que “llevo toda la vida de panadera. Al principio repartía por las casas de Santa Lucía y todos estos pueblos, llevaba un cesto con el pan, también unos sequillos que gustaban mucho a la gente y algún dulce más”.

Con el paso del tiempo su nieta Ana y su madre, María del Mar Santamaría (Marimar), que es quien lleva ahora los temas de repostería en la empresa, sacaron unas cajas de pastas que bautizaron como “Los sequillos de la abuela Anita”, que, cuenta su creadora, “tienen muy buena acogida”.

El gran salto se dio en la cuarta generación; Ángel dejó La Vasco, Ana regresó de su Erasmus, “empezaron a cerrar panaderías, nos ofrecían sus rutas y las fuimos cogiendo”

Marimar, la tercera generación junto a Julio Robles, es la creadora de una variada gama de pastas, desde los citados Sequillos a Las Zorrucas, un homenaje a los vecinos de Santa Lucía, a los que denominan genéricamente “los zorros” y, además, “están muy orgullosos del apodo hasta el punto de colocar una escultura de un zorro bien visible desde la carretera”. Y en medio fue creando Las Gordonesas (su comarca), las Pastas de la Biosfera (de nueces), Las Salvadorinas y Las Paregrinas (homenaje al Camino de San Salvador, que atraviesa la comarca), o las clásicas de mantequilla, almendra, morenitos, pastas rizadas, de canela, de maíz. También tienen bien ganada fama sus brazos de gitano, la pasta de pizza, o empanadas diversas…

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